La cubierta es el “paraguas” del edificio. Si falla, el problema no se queda arriba: acaba en manchas en el techo, olor a humedad en armarios, yesos que se ablandan y, a veces, madera o metal que se deterioran sin que nadie lo vea. Por eso conviene separar dos decisiones que a menudo se mezclan: qué tipo de rehabilitación de cubierta tienes y si toca reparar o sustituir.
Tipos de cubiertas que se rehabilitan más
Cubierta inclinada (teja, pizarra, chapa)
Suele evacuar el agua por gravedad. El punto débil no es solo la pieza de cobertura, lo son los encuentros: limahoyas, chimeneas, petos, canalones.
Un ejemplo típico: cae una tormenta con viento, el agua entra por una teja desplazada y termina apareciendo una mancha justo en la esquina del dormitorio, lejos del origen real.
Cubierta plana (transitable o no)
Aquí la clave es la impermeabilización y el drenaje. Si hay zonas donde “se queda el charco”, el sistema está pidiendo atención. En cubiertas planas también pesa mucho el orden de capas (aislamiento, lámina, protección). Pequeños fallos se traducen en filtraciones que tardan en verse, pero llegan.
Si quieres entender qué exige la normativa cuando hablamos de agua y humedad en cerramientos, el Documento Básico HS del Código Técnico de la Edificación es una referencia útil para aterrizar conceptos como impermeabilidad, encuentros y protección frente a la humedad.
Señales que suelen indicar “reparar ya”
Hay síntomas que no conviene normalizar:
- Goteras puntuales tras lluvia con viento.
- Humedades que aparecen y desaparecen según la temporada.
- Tejas rotas o desplazadas.
- Juntas abiertas en petos y encuentros.
- Canalones con pendiente incorrecta o desbordamientos.
- Pintura interior que ampolla en la última planta.
En muchos casos, una reparación bien enfocada (localizar el punto de entrada, rehacer encuentros, sustituir piezas dañadas, revisar sumideros) resuelve el problema sin levantar toda la cubierta.
Cuándo compensa sustituir en vez de parchear
Reparar tiene sentido cuando el sistema base está sano. Sustituir suele ser la opción lógica cuando:
- La impermeabilización está al final de su vida útil y aparecen filtraciones en distintos puntos. Si hoy arreglas una zona y el mes siguiente falla otra, no es mala suerte: es un material agotado.
- Hay deformaciones: flechas en forjados, rastreles vencidos, estructura de madera con pudrición o ataques. Aquí el problema ya no es solo el agua, es la capacidad de soporte.
- Se va a intervenir energéticamente. Si vas a aislar la vivienda y mejorar carpinterías, dejar una cubierta sin aislamiento es como ponerse un abrigo y seguir con la cremallera abierta. Para decidir soluciones, puede ayudarte la guía del IDAE sobre rehabilitación y aislamiento en edificios, que explica criterios y opciones de mejora en envolvente, incluida la cubierta.
- Hay problemas recurrentes de condensación en bajo cubierta. A veces no entra agua desde fuera; se genera dentro por falta de ventilación o por puentes térmicos. Si al abrir un armario alto notas olor a humedad en invierno, puede venir de ahí.
Rehabilitar no es solo impermeabilizar
Una rehabilitación de cubierta bien planteada suele tocar cuatro frentes:
- Estanqueidad: láminas, tejas, remates, sellados.
- Evacuación: pendientes, sumideros, canalones, rebosaderos.
- Aislamiento: térmico (y, si aplica, acústico).
- Ventilación: cámaras bajo teja o soluciones en cubiertas planas para evitar condensaciones.
El orden importa. Si cambias la lámina pero dejas pendientes mal resueltas, el agua seguirá buscando el punto débil.
Conclusión: qué hacer antes de decidir
Antes de elegir “reparar” o “sustituir”, lo más eficiente es un diagnóstico: tipo de cubierta, estado de capas, puntos de entrada, drenaje, estructura y posibilidades de mejora energética. Con esa foto completa, la decisión suele salir sola.
Si quieres que lo revisemos con calma, en Grupo Asisde podemos estudiar tu cubierta, priorizar actuaciones y plantear una solución que no dependa de parches sucesivos. Y si ya tienes planos, fotos o informes previos, puedes enviarlos desde la página de contacto para valorar el caso con datos y no con suposiciones.



